En 2004 tenía diecinueve años cuando vi La Gaviota de Chéjov, dirigida por Concha. Entré a ver una obra. Salí habiendo encontrado un lugar al que quería pertenecer.
Estudié Composición en el conservatorio y, al mismo tiempo, Arte Dramático. Siempre he entendido ambas disciplinas como partes de una misma conversación: el ritmo de una frase, el silencio antes de una réplica, la respiración de un grupo.
Insistí hasta incorporarme a la compañía independiente La Gaviota, en Valencia. Allí crecí como intérprete, escritor y músico. Aprendí el oficio en los ensayos, en los viajes, en los bolos y en esa confianza que permite construir algo que ninguno podría hacer solo.
El repertorio de La Gaviota reunió a autores que siguen acompañándome: Chéjov, Tennessee Williams, Ionesco y Federico García Lorca. Montajes como La gaviota, Un tranvía llamado deseo y La cantante calva forman parte de esa memoria compartida.
La disolución de La Gaviota, hace un año, cerró una etapa larga de mi vida. Desde entonces he seguido trabajando como intérprete y músico en proyectos de pequeño formato. Hoy comienzo una nueva aventura en la Universidad Popular: formar una compañía con gente del pueblo y volver a escuchar lo que ocurre cuando nos encontramos en un escenario.
Cuaderno de La Gaviota ↗